7.12.12

Esconderse

Que tus dientes rechinen
significa tres cosas
cuatro, o dos.
Estás enterrándote en la camisa del ser
perdíendote subrepticiamente
difuminándote
Un abrigo para el que ve, urgentemente.
No se reencuentran indefinidas, infinitas
las horas que se fueron
dieron la vuelta.
¿Dónde estás?
¿Quién eras?
No se oye.

Para mí que algo hermoso sucede entre vos misma,
es por saber demasiado las verdades

L.A. Spinetta

18.11.12

Sobre verde

El ocho y negro
un hueco de sombra que está por allá
hay cinco más
el negro y ocho es empujado
cae al hueco de sombra
o no cae.
Cuando caigamos, hagámoslo juntos.
No
quiero
caer.
Son muchas redondas más.
Hay
un blanco.

Puestos

Se aquieta cuando bailamos
dulce, salado y pan
se estremece dentro de todos
aborrece que se es una copia
una que existe de manera universal.
La ambición de ser como ése, como ésa
salado pan dulce
me repele.

9.11.12

Ciento cuarenta y uno



La pelirroja de los brazos cortados. Se me paró al lado, a mi derecha, en el colectivo. Un día de lluvia que parecía extrañamente acomodado en el año del fin, para que todo concordara. Y tenía los brazos cortados. Eran aproximadamente unas cien cicatrices, entre los dos brazos. O más. También tenía algunos tajos viejos en el pecho, pero pocos. Algunos eran profundos y gruesos, separando cada lado sano de la piel como a la fuerza. Otros eran más leves, otros ni se veían a simple ojear. Pero allí estaban, todos ellos. Yo pensaba que ahora hacía mucho tiempo ya había pasado desde que habían sido sangre. “¿Quién le habrá hecho eso?”, pensaba. Pudo haber sido ella misma, podrían haber estado hechos desde arriba, todo cerraba. Pero también pudieron haberla lastimado contra su voluntad. Se me ocurrió suponer que probablemente lo hizo con aires de decoración… ya sabés, las modas de hoy en día (escuché de algunos que se agregan puntas en las orejas mediante cirugías clandestinas). Sea como fuere, ella estaba tranquila, las llevaba sin notar que se notaban. Yo comparaba su actitud con la de quien sabe que tiene algo raro y podés verlo intranquilo o esperando que alguien lo vea. Pero ella no, ella estaba sumergida en su mundo y sonriendo. Me detuve en su sonrisa también, porque fue la que me llevó a pensar una de mis hipótesis: lo que haya sido causante de esas cicatrices ya había quedado atrás. La sonrisa y la piel ya del color de una cicatriz vieja: estaba todo bien. 

-Sofía.

29.10.12

Mav



¿El amor? Qué pregunta… Sin embargo, no es difícil contestarla hoy en día, que cada letra articulada en sus labios, o dibujada en sus manos, me retuerce el cuerpo entero.
El amor vendría a medir un metro y ochenta centímetros, un poco más, un poco menos. Tendría bucles cortos y oscuros, mejillas a penas coloradas y dos ojos que casi no dejan distinguir la pupila –profundísima- del iris. Esa mirada estaría delicada y perfectamente acunada por unos cepillos suaves y frágiles -de esos que hay que mirar dos veces para notarlos y sólo una para quedar hipnotizado- que sin duda serían el tesoro más impreso en mí de ese gran amor. Una nariz que habla en cantidades; como un tobogán patas arriba, y la boca de una confidencia, de un mimo… De la risa. Una boca formada por un labio superior que canta, y uno inferior que besa, que sujeta. Y así continuaría, por el camino que conduce la gravedad, una tierra que guarda protección y calma; y, cuando no, sismos que acaban en una incomparable tranquilidad.
Pero no podría describir al amor sin hablar de sus manos. Diez yemas que sólo hablan de él y de mí, y dos palmas en donde caben mis deseos. Y si eso no fuera el amor, no sé qué más lo podría ser.

-Sofía.

27.10.12

Corchos


Cincuenta tipos diferentes de corchos. Corchos petizos, corchos rotos. Corchos olvidados en una corchera. Corchos que nadie nunca vio en ningún lugar. Corchos borrachos. Cuánto corcho había, corcho iba a ser visto. Pero el problema de un corcho es que nunca se sabe con qué nos va a sorprender. Un corcho es bueno, un corcho es confidente y comprensivo. Un corcho es la nada para un ser vivo. La nada, para un corcho, es más que para cualquiera. Porque la nada de un ser vivo es el todo del corcho; el corcho es magnánimo.
-Sofía.

1.8.12

Proyectando


Hola, que tal? Me llamo Ariana y tengo 29- digo, 30 años. Soy psicóloga y en este momento mi consultorio es una de las habitaciones de mi departamento; que quedó vacía cuando mi marido me pidió el divorcio y dejó de estar ocupada por sus máquinas de gimnasio. Menos mal, porque eran horribles y hacían un ruido increíble. Me casé con él (se llama Sergio) a los 21 años, no sé en qué pensaba. Probablemente me divertía su manera de ser… Me divirtió hasta que yo seguí madurando y él no. Pero bueno.  Mi hermana Julia vive todavía con mi mamá Dora en Rosario (Santa Fe), yo me vine para acá a Buenos Aires cuando empecé el CBC y vivía con Sergio. Ahora que lo pienso, fueron los mejores años que pasamos juntos, hasta que se nos ocurrió alquilar algo nuevo entre los dos, y ahí él empezó a comportarse como un nene, sintiendo que compartía y no quería… Típico de hijo único malcriado. Mi hermana por ahora vive allá en Rosario, se decidió por seguir trabajando de moza en un bar que queda a la vuelta de mi vieja casa. En particular, estoy segura de que le pasa eso porque tiene miedo a asentarse, a elegir. Siempre mi mamá decidió por ella… y ¿cómo esperaba que no saliera así la pobre Julia? Yo cuando la voy a visitar intento hacer que se establezca y estudie lo que ama, pero ella me puede, me habla de otras cosas, me pone carita y me compra, como siempre hizo. Mamá está enojada conmigo desde que empecé a vivir acá. Al principio iba mucho, pero después me acostumbré a la gran ciudad y, por más que a ella no le caiga bien la idea y nunca la vaya a aceptar, mi vida ahora está acá, es mi presente. Por lo tanto, hablamos siempre, pero yo sé que en el fondo está esperando a que vuelva. Yo pienso “mamá, cuando me jubile, seguramente” pero no se lo digo porque sé que ella no va a estar por naturaleza, y dejo que no se haga la idea y que siga con esperanzas. Yo extraño, no obstante. A mi psicoterapeuta le cuento de cuando era chica y me agarra nostalgia. Pero es así como funciona: allá me exhausta y acá lo extraño. Soy mi propia jefa; mis pacientes me recomiendan a conocidos y así pude ir teniendo mi grupo, aunque va variando según los años y, claro, el proceso de cada uno. Me gusta mucho ser psicóloga, aunque debo decir que sin mi propio analista no podría serlo. Yo creo que es así, es un círculo; todos nos analizamos entre todos y podemos seguir analizando a los demás que no analizan a nadie pero, ¡mamita querida! Sí que tienen sus embrollos. Lo que más me genera placer es pintar. Pinto en horas libres y a veces, cuando me tomo vacaciones, es lo único que hago de día. De noche intento siempre salir a hacer algo… Sergio me dejó la costumbre de no poder quedarme tranquila en casa. Y no tengo ganas de analizarme ese aspecto, pero cada noche conozco un hombre diferente. Si es rubio; a donde quiera, si es morocho, paso. Y cuando digo a donde quiera, me refiero a eso: donde él me lleve yo voy a ir. Y no tengo ganas de analizarme ese aspecto… ¿Ya lo dije? Si es así, mis disculpas. Sé que detrás de todo esto está mi padre. Probablemente necesite… No, no me voy a analizar. Pero sé que está él. Con respecto a eso, no puedo decir mucho… Desde chica vivo con mi mamá y después, cuando nació Julia, con ella. Mi papá dejó a mi mamá el día que me tuvo y nunca más se dirigieron palabra. Por supuesto que mi mamá sí: hablando sola, muchos meses, como si él estuviera. Pero ninguna de las tres sabe de su vida… o muerte. Es claro que Julia es del segundo marido de mi mamá; pero con él, aunque tampoco están juntos, tenemos, todas, una buena relación. Se separaron por cuestiones razonables… Si no hay amor, no hay y punto (eso diría ella, yo diría que si no hay amor, no hay, pero hay mucho más que descubrir allí detrás). Sergio fue mi única relación estable que condujo a un matrimonio estable. Pero cuando empezamos a tener el hábito de salir siempre, descubrí un mundo totalmente nuevo. Con o sin Sergio, miraba a cada hombre que pasaba. Por supuesto que mi disimulación variaba según el caso. Cada rubio, musculoso y seguro de sí mismo, tenía el poder de llevarme a la cama. ¿Si lo hice estando casada? Sí. No. Sí. Sí, tres veces. Pero de haber sido por mí, hubieran sido todas y cada una de las veces que me guiñaban un ojo o me rozaban intencionalmente. Mi autocontrol llegó a tres veces. Sergio nunca se enteró. Yo sé, igual, que él me hacía lo mismo; pero no me sentía con la cara para decirle nada. Y así éramos felices con unos pocos engaños particularmente obvios pero escondidos deliberadamente; nos separamos por otras razones. Atribuyo a mi padre, pero también a él, mi intromisión en ese mundo nochero que ahora me resulta un terrible vicio. Pero no tengo ganas de analizarme en ese aspecto. 

24.7.12

Las figuritas repetidas son algo que nunca voy a soportar. Compro paquete, late, late, nola, REPE, repe, repe, repe. Qué mal. Porque lo peor de las figuritas repetidas, es que siempre son las mismas. Qué revelación. La misma forma, el mismo estilo, el mismo nombre, las mismas idioteces que muestran, sólo para quedar bien. Para qué más. No me atrevería a decir que aparecen para molestar, porque... sería muy obsesivo de mi parte. Pero cada vez que me toca de nuevo, en lo único que pienso es en quemarla, en sacarla de mi álbum. Es mi álbum, loco.

6.7.12

Si te hubieras ido

Si comiera Sushi y te hubieras ido,
si escuchara esa música y te hubieras ido,
si viera esas películas y te hubieras ido,
si visitara esos lugares y te hubieras ido,
si me riera de esas cosas y te hubieras ido,
si me pusiera esa ropa y te hubieras ido,
si mirara esas fotos y te hubieras ido,
si dieran Bob Esponja y te hubieras ido,
si recordara y te hubieras ido,
sería pedazos.

S.

30.6.12

Japón

Esto me remonta a una noche de Jueves
donde la luz se teñía de velas
y la cama ardía en pasiones.
Y las pasiones se mostraban gentiles entre dos amantes
donde no cabía lugar para obligaciones ni quebraduras
sólo para volar en la alfombra de la pasión.
Y Aladín se quedaba atrás, y el genio se disolvía en suspiros llenos de deseos cumplidos.
Y sus cuerpos se tiznaban del mismo color 
La misma unidad.
La misma, porque no encontraban el fin que a cada una correspondía,
no se veía separación alguna que los definiera.
Donde no se necesitaban ojos para mirarse entre aquellos cuerpos,
cada pequeño rincón de su anatomía se sumergia dentro del amor que ambos compartían.
No se requería más,
dos simples ingenuos, que pensaban que así podían cambiar el mundo.
Y así lo simple era único, el mundo era su propiedad,
el mundo que crearon entre paredes y sábanas.
Y aunque pareciera haberse disuelto al apagar aquellas velas...


Sin más

22.6.12

Adso

Si los monjes ríen, son tontos
sólo los tontos ríen
Si la Poética del gran Aristóteles,
si en su dedicación a la Comedia
se conoce
los sabios pueden empezar a decir que está bueno reírse de todo
si se pueden reír de todo,
¿se pueden reír de Dios?
Sería un caos.
La risa mata al temor
sin temor al Diablo 
no hay necesidad de un Dios
Risa por todos lados
la risa desfigura el rostro del hombre
eso es diabólico.
-Sofía.

14.5.12

Escena XVII

En escena, Urano y Gea. Ellos no pueden verse, ya que la escenografía permite ver que están en distintos lugares, separados uno del otro. Palomas mensajeras llevan y traen sus mensajes de amor. Seremos más breves, y dejaremos a gusto la elección del tiempo que tarda una paloma en llegar hasta el otro lado. 

Urano:- ¿Te despedís? ¿Así?
Gea:- No, pero sí lo hago de mi idea de cruzarme el día que sigue con tu bello rostro resplandeciente... Y, al hacerlo, cabe aclarar mi renuncia a lo más gratificante que podría el mundo ofrecer.
Urano:- ¿Qué es lo más gratificante, o qué sería?... O, ¿acaso no lo sabes?
Gea:- Sería una imagen directa y real de tu cuerpo y un sonido limpio y retumbante de tu voz; todo en frente y dentro mío.
Urano:- (satisfecho) Muy lindo. Sos el alma de diamante que me conecta con la tierra.

Gea sonríe al estilo Meredith Grey, Urano percibe su carácter alegre y enamorado.

Gea:- Debo admitir que subestimé mi capacidad de retener mis emociones y necesidad física con respecto a tu persona... Me animé abiertamente a calcular un Jueves cuando querría que fuera la hora siguiente. Sé que probablemente tu consciente bienestar no se vea implicado en la misma situación...
Urano:- (intenta tranquilizarla) Tu permanente presencia en mis actividades hace que me sea inevitable tenerte presente, y extrañarte en mis momentos de reflexión.
Gea:- No dudo, y es por cierto, que eso te ocurre.
Urano:- Me ocurre; vivir el amor através de tu mirada es algo que me gratifica enormemente.
Gea:- Lamento que el consumismo se haya interpuesto entre nosotros, pero más aún lamento que no puedan traslucirse en tu boca ciertas escapatorias.
Urano:- No lamentes, dulce y bella estrella del cielo.
Gea:- Lamento, lamento enormemente, mi querido Urano.
Urano:- Pero, si acaso, este simple hecho significa el aumento de la necesidad de tenerte en mis brazos, y así poder sentir que tengo al amor que siempre quise.
Gea:- ¿Puede ser, mi querido deseo, que con esas frases dulcemente escritas, salidas de las palmas de tus manos y, por consecuencia, de tu puro y magnífico corazón, hayan logrado apaciguar mis ansias tan sólo un par de días más? ¿Puede ser, que estas bellas oraciones hayan adormecido mi desespero?
Urano:- Es tu mente, y tu alma, la que te esclareció el camino. Es inevitable no extrañar tu olor, tu risa, pero son los recuerdos de tu ser los que me hacen sonreírle a la vida.
Gea:- De acuerdo, supongo que tus palabras en efecto sí han esclarecido mi ser, o probablemente, como tú dices, sean mi mente y alma las responsables. Más allá de cualquier razón posible... esperaré en los sauces el regreso de tu amable presencia.
Urano:- Te iré a buscar a los sauces, simplemente a disfrutar de estar vivos, poder observar el transurrir otoñal y la suave brisa del viento del Sur, al lado de mi amada, y reafirmar cada vez más nuestro vínculo del amor.


(S&M, Sin Más)

12.4.12

Re vivo.

Revivo lo que revivo, cuando lo revivo.
Viví sin vivir y revivo viviendo.
Vivo reviviendo, a veces, sin vivir.
Revivo de vez en cuando para vivirte.
Vivo viviendo lo que reviví.
Te revivo, una vez ya vivido.
Revivo cuando reviven los que viven.
Vivo.
Revivo.
Vivo otra vez.
Vivo mucho, re vivo.

8.4.12

Carta para la Señora




Señora, yo imagino que su esposo viaja lejos, para siempre. Imagino, a veces, que de una buena vez deja de mirarme, que a penas voltea para verme, desaparezco. O, mejor aún, que ya no sabe quien soy y, por lo tanto, mirarme sería como pasar los ojos por sobre una olla o un mueble, sólo para llegar al punto que en realidad busca. Quisiera que cualquier objeto le resultara más bello que mi propio cuerpo; aceptaría ser ignorada, incluso si fuera para admirar, en cambio, a una rana vieja y machucada. Pero nada de esto es real. Lo que de verdad ocurre es que él simplemente no me quiere ni me puede dejar en paz. Cada momento en que dirijo mi vista hacia él, sus ojos están firme y perseverantemente clavados en los míos. Y ni quiero pensar en dónde estarían clavados justo antes de que yo voltee.
Todo comenzó el primer día que entré a trabajar para usted, Señora. Me acomodé en mi cuarto, dejé mis cosas lo más ordenadamente posible y bajé a preparar el desayuno. Esa mañana hacía un frío insoportable, ¿se acuerda? Prendí las estufas de la sala y en la cocina improvisé unas tostadas con queso derretido o huevo, -no recuerdo ya a esta altura- y un par de tazas de café. Lo que sí puedo asegurar, es que el Señor pasó por la puerta vistiendo una bata color crema, no muy nueva, hasta diría yo que tenía un par de agujeros francamente visibles en la parte posterior, sobre la espalda. Pero, como mi trabajo lo precisa, actué con disimulo y tomé la precaución de parecer distraída. Demás está decir que no crucé ni un cuarto de mirada con el Señor. Pero sé que llevaba esa bata. Al rato, como a los veinte minutos, bajó usted con un deshabillé en un tono plateado, opaco, muy fino, según mi poco conocimiento en prendas de vestir, ¿sabe de cuál hablo? No fue grosera al no saludarme, ya que usted misma me había abierto la puerta esa mañana hacía una hora, antes de decidir que seguiría durmiendo un rato más. Así que después de lavarse las manos, tomó asiento y buscó la sección “Política” del diario La Nación. Sé que usted, Señora, disfruta estar siempre enterada sobre las grandes decisiones, y luego debatir con su grupo de los Miércoles.
Al rato nomás apareció el Señor, vistiendo una bata azul francia, de seda o vaya a saber uno qué era esa tela tan brillante y sutil. “Buen día”, me dijo, aterrizando fuertemente sus ojos pardos sobre los míos. Me encontré tan intimidada que no pude contestar. Quizá usted recuerde que únicamente esbocé una sonrisa y bajé la vista hacia el piso, donde me encontré con mis alpargatas rosas ya gastadas. Me avergoncé y, después de excusarme, subí a cambiármelas por unas nuevas.
Así continuaron todas las mañanas, tardes, noches, y cada rato que por casualidad o condicionalmente me encontraba con el Señor: sus ojos sobre los míos; los míos sobre el piso.
Es el día de hoy que al fin entiendo y asumo que esos ojos no acostumbran mirar así a cualquiera. Es el día de hoy que comprendo que el Señor busca en mí algo que yo no puedo, debo, ni quiero darle. Y es por eso que decido escribirle, si usted me lo permite, Señora. No es mi deseo causar problemas en su matrimonio, es que me es prácticamente imposible no decírselo: el Señor hoy ha pasado detrás de mí y ha levantado mi falda. Es preciso le aclare que mi reacción fue decente y me retiré de la sala al solo momento de notarlo. No es mi deseo causar problemas, Señora, es que ya no puedo trabajar para usted. 

11.2.12

Lo que siento hoy. En primer parte, anhelo. Anhelo lo. Lo anhelo. También pienso un poco. No, estoy en blanco. Pero en blaco. Creí hasta hoy que de eso no era capaz. Cuánto más felices logran... repito en mi cabeza cuando no tengo algo más urgente en que detener mis razonamientos. Ni que razonáramos todo el tiempo. Hace unos meses probé por primera vez esto de escribir lo primero que se te viene a la mente, es tan primero que ni siquiera sentimos que lo tuvimos en la mente alguna vez. Esto último sí lo tuve, porque lo pensé mientras escribía la oración anterior. Y ahora vuelvo a escupir palabras. Pero sin querer, no entiendo a dónde voy, no me interesa. Lo único que pretendo es despejarme, disipar los deberes, disolver las dudas, derretir las ansias. Si las derritiera por completo.. El problema de derretir algo es que siempre queda, aunque no sea más un hielo, es agua, aunque ya no esté ansiosa, estoy insatisfecha, incompleta. Son las ansias derretidas.
Sofía.-