7.10.11

    En realidad todo sale desde una cabeza que no tiene mucho en qué pensar. Por lo menos no en ese momento. Tiene una voz muy aguda en ambos oídos, tiene un pie derecho muy inquieto y tiene también un monstruo naranja sobre el escritorio. Cuando se detiene un segundo, pierde la concentración. Se piensa, se encuentra en frente del rectángulo negro y empieza de nuevo. Pero empezar de nuevo no es realmente empezar de nuevo, porque tiene que seguir con lo que venía antes. Hay veces que uno intenta hacer borrón y cuenta nueva, pero inevitablemente tiene que unir lo nuevo con lo viejo; y éste es uno de esos casos. En realidad, no creo que se pueda hacer un "borrón y cuenta nueva" propiamente dicho... ¡Como si pudiéramos deshacernos de nuestra historia, de nuestras experiencias...! Al fin y al cabo, si querés hacer borrón y cuenta nueva fue porque algo anduvo mal... y, si algo anduvo mal, se supone que deberías haber aprendido de eso. Y lo lo que aprendemos se transforma sí o sí en parte de nuestra esencia, lo cual limita toda posibilidad de empezar de cero, porque ya tenés las bases de lo que no querés que pase. No estás inventando, no estás yendo a ciegas... Pero tampoco estás actuando desde ese momento en adelante como algo nuevo, sino como alguien a quien le pesan, como a todos, sus pasados, y los transforma como herramienta para lo que sigue. Lejos está de borrársete lo que te pasó, más bien se te imprime en la piel y exprimís lo bueno... de última. Nada de borrón, entonces.