Siendo las 22:43 de la noche de un viernes 15 de Julio, me encuentro sentada de forma "indiecito" frente a la notbook, envuelta en una frazada sin hablar ni una palabra hace aproximadamente dos horas. Mi silencio se debe a los puntillos color blanco que residen en mi garganta, los cuales conforman en su conjunto un síntoma de la enfermedad denominada anginas. Recalcálquese que es el último viernes de clases. Igualmente la jornada se caracterizó por tener en la calle una iluminación propia de las siete de la tarde, siendo las tres y media. El cielo estaba amarillo y yo CHISPOTEÉ en quedarme! Mal.