30.6.12

Japón

Esto me remonta a una noche de Jueves
donde la luz se teñía de velas
y la cama ardía en pasiones.
Y las pasiones se mostraban gentiles entre dos amantes
donde no cabía lugar para obligaciones ni quebraduras
sólo para volar en la alfombra de la pasión.
Y Aladín se quedaba atrás, y el genio se disolvía en suspiros llenos de deseos cumplidos.
Y sus cuerpos se tiznaban del mismo color 
La misma unidad.
La misma, porque no encontraban el fin que a cada una correspondía,
no se veía separación alguna que los definiera.
Donde no se necesitaban ojos para mirarse entre aquellos cuerpos,
cada pequeño rincón de su anatomía se sumergia dentro del amor que ambos compartían.
No se requería más,
dos simples ingenuos, que pensaban que así podían cambiar el mundo.
Y así lo simple era único, el mundo era su propiedad,
el mundo que crearon entre paredes y sábanas.
Y aunque pareciera haberse disuelto al apagar aquellas velas...


Sin más