29.10.12

Mav



¿El amor? Qué pregunta… Sin embargo, no es difícil contestarla hoy en día, que cada letra articulada en sus labios, o dibujada en sus manos, me retuerce el cuerpo entero.
El amor vendría a medir un metro y ochenta centímetros, un poco más, un poco menos. Tendría bucles cortos y oscuros, mejillas a penas coloradas y dos ojos que casi no dejan distinguir la pupila –profundísima- del iris. Esa mirada estaría delicada y perfectamente acunada por unos cepillos suaves y frágiles -de esos que hay que mirar dos veces para notarlos y sólo una para quedar hipnotizado- que sin duda serían el tesoro más impreso en mí de ese gran amor. Una nariz que habla en cantidades; como un tobogán patas arriba, y la boca de una confidencia, de un mimo… De la risa. Una boca formada por un labio superior que canta, y uno inferior que besa, que sujeta. Y así continuaría, por el camino que conduce la gravedad, una tierra que guarda protección y calma; y, cuando no, sismos que acaban en una incomparable tranquilidad.
Pero no podría describir al amor sin hablar de sus manos. Diez yemas que sólo hablan de él y de mí, y dos palmas en donde caben mis deseos. Y si eso no fuera el amor, no sé qué más lo podría ser.

-Sofía.

27.10.12

Corchos


Cincuenta tipos diferentes de corchos. Corchos petizos, corchos rotos. Corchos olvidados en una corchera. Corchos que nadie nunca vio en ningún lugar. Corchos borrachos. Cuánto corcho había, corcho iba a ser visto. Pero el problema de un corcho es que nunca se sabe con qué nos va a sorprender. Un corcho es bueno, un corcho es confidente y comprensivo. Un corcho es la nada para un ser vivo. La nada, para un corcho, es más que para cualquiera. Porque la nada de un ser vivo es el todo del corcho; el corcho es magnánimo.
-Sofía.